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Lo decretó el gobernador Ricardo Quintela tras el caso de Solange Musse, la joven que murió de cáncer en Córdoba y no pudo ver a su padre para despedirse.

Tras el caso de Solange Musse, la joven de 35 años enferma de cáncer que falleció el viernes pasado y no pudo despedirse de su padre en Córdoba, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, autorizó las visitas de familiares a pacientes que se encuentren internados con COVID-19 en grave estado y además permitió el acompañamiento excepcional de aquellos enfermos que tengan una situación clínica de dependencia y necesitan la asistencia de un familiar.

La medida “tiene por objetivo contener a las familias y acompañar a los pacientes con coronavirus que están atravesando las difíciles situaciones señaladas”, sostuvieron en la gobernación.

Mediante el decreto N° 999, publicado el 12 de agosto pero que se conoció hoy, Quintela instruyó al Ministerio de Salud provincial para que, conjuntamente con el equipo de especialistas, confeccionen el protocolo adecuado y la adopción de medidas de bioseguridad necesarias para que se pueda cumplir.

“Esto provoca situaciones de mucho dolor en los pacientes y familias riojanas que deben vivir este duro proceso, sobre todo en aquellos casos cuyos cuadros clínicos revisten gravedad”, fundamentó.

Lo de La Rioja será una excepción en un contexto de protocolos tan rígidos que han causado la muerte en solitario de infinidad de pacientes con coronavirus que no pudieron contar con el afecto de sus familias en la hora final; a lo que se sumó la prohibición de los velatorios y los funerales casi desiertos.

En el país, son muy pocos los hospitales o clínicas que han flexibilizado ese protocolo para admitir visitas y acompañamiento para pacientes en riesgo de vida. Un caso es el del Sanatorio Mater Dei, de la Capital. Esos escasos ejemplos demuestran, como ahora la decisión de la provincia de La Rioja, que es posible hacerlo y muchísimo más humano.

El viernes por la madrugada se conoció la noticia de la muerte de Solange Musse. El deceso se produjo en el Sanatorio Allende de la capital cordobesa, donde había sido trasladada en muy grave estado desde la localidad de Alta Gracia.

La polémica se había generado pocos días antes de su muerte, ya que las autoridades policiales cordobesas no habían dejado ingresar a su padre Pablo a estar con su hija. Según sostuvieron a Infobae en el Ministerio de Salud cordobés, le habían hecho dos testeos y ambos dieron positivos.

Sin embargo, Pablo desmintió a las autoridades y aseguró que tenía todos requisitos necesarios para ingresar a la provincia a acompañar a su hija a la que no veía desde el inicio de la cuarentena. A los pocos días, Solange murió y Pablo no lo pudo abrazar.

“Tengo todos los permisos. Tengo el resultado del hisopado, tanto que me rompieron las pelotas con el COVID ese de mierda... Me lo hice el lunes y me dio negativo. Estos hijos de puta no me dejaron pasar para ver a mi hija. Esto no va a quedar así”, había dicho Pablo.