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Los opositores al régimen reclaman por el elevado costo de vida.

TEHERÁN.- Las calles de las principales ciudades de Irán vivieron ayer la tercera jornada consecutiva de manifestaciones, las más importantes desde las protestas de 2009 desatadas por la reelección del entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad, y que ayer debieron enfrentar por primera vez nutridas contramarchas en favor del régimen.

En Doraud -en la provincia de Loerstan- se registraron las primeras víctimas. Fuentes locales hablaron de seis personas muertas y varias heridas cuando la Guardia Republicana disparó para dispersar una manifestación.

Las protestas, que arrancaron el jueves pasado en Teherán y otras ciudades del país, están dirigidas contra la política económica del gobierno y el elevado costo de vida, pero también contra la dirigencia política y religiosa. Centenares de estudiantes se unieron al reclamo y, en algunas avenidas del país, se atacaron bancos y se quemaron retratos del líder supremo Ali Kamenei.

Decidido a limitar las expresiones contra el gobierno, el ministro del Interior, Abdolreza Rahamni Fazli, exhortó a no participar "en manifestaciones ilegales, ya que se crearán problemas a sí mismos y a otros ciudadanos". En un despliegue imponente de la policía, al menos 50 personas fueron arrestadas, aunque varios ya fueron liberados. La policía iraní intervino en varias de las marchas con cañones de agua.

Recién ayer la televisión pública decidió informar sobre las protestas en curso, e incluso consideró necesario escuchar "las reivindicaciones legítimas de la población". Sin embargo, los presentadores acusaron a los medios de comunicación extranjeros y a los grupos "contrarrevolucionarios" en el exterior de aprovecharse de las manifestaciones.

Por otra parte, el gobierno movilizó ayer a decenas de miles de personas en varias contramarchas, que en algunos casos desplazaron a los manifestantes opositores.

El presidente norteamericano, Donald Trump, se hizo eco de las marchas, "protestas pacíficas de ciudadanos iraníes hartos de la corrupción del régimen y su despilfarro de la riqueza de la nación", y reclamó al gobierno iraní que respete "los derechos de su pueblo". Y disparó: "El mundo los está observando".

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán reaccionó a estas declaraciones, a las que tildó de "engañosas, hipócritas y oportunistas", e indicó que "el pueblo iraní no les da ningún valor ni crédito a las declaraciones oportunistas de los responsables norteamericanos y de Trump".

La promesa de relanzar la economía, debilitada por las sanciones internacionales, estuvo en el centro de la campaña presidencial de Hassan Rohani, un religioso moderado reelegido en mayo. A pesar del levantamiento de las sanciones tras el acuerdo que congeló el programa nuclear, y de que la inflación se moderó al 10%, los efectos positivos del nuevo clima no llegaron a la gente.

"Señal de alarma para todo el mundo", tituló ayer el diario reformista Arman, mientras se multiplicaban los llamados al gobierno para tomar medidas con las que comenzar a solucionar los problemas económicos del país.

Agencias AP, AFP y ANSA